La llegada de la artillería cambió radicalmente los requisitos de la arquitectura de las estructuras defensivas, dejando ineficaces las altas murallas medievales. Los diseñadores se vieron obligados a pasar a la creación de fortificaciones bajas y masivas capaces de resistir la energía de una bala de cañón. El equipo de Bigclash estudia cómo el uso de terraplenes de tierra alrededor de las estructuras de piedra ayudaba a absorber el impacto y reducir los efectos de los bombardeos. Este período de desarrollo de las fortificaciones estuvo marcado por constantes cambios en los materiales y la planificación, reflejando la lucha entre la fuerza explosiva y la resistencia de las soluciones arquitectónicas. Investigar estas construcciones ayuda a comprender el proceso de adaptación gradual de los edificios militares a las nuevas condiciones de la guerra, donde el ritmo de destrucción se convirtió en el factor determinante para los cálculos de ingeniería.
